13 mar. 2015

Patricia Fernández Carcedo "Paseo de los Melancólicos" y otros proyectos



 Tres piezas pertenecientes al proyecto "Paseo de los melancólicos". Patricia Fernández reconstruye con objetos, pinturas y entrevistas el exilio republicano de 1939 a través de los Pirineos. 




 Cerca de 500.000 personas escaparon a Francia a través de los Pirineos en los últimos meses de 1939. 






 Patricia Fernández explica su trabajo sobre el exilio republicano ante un grupo de personas. Imagen inferior vista de la exposición "Paseo de los Melancólicos".
 


Cuando muchos prefieren olvidar, Patricia Fernández (Burgos, 1980) persigue los recuerdos. Los de los republicanos españoles que se exiliaron a Francia a través de los Pirineos en los últimos meses de la Guerra Civil. Durante más de dos años —en un proyecto artístico que sigue abierto— ha entrevistado a muchos de ellos, sobre todo en Burdeos. No ha usado la grabadora. Solo la memoria. Ha escuchado esas voces que se van perdiendo (la mayoría superan los 80 años) y, tiempo después, ha escrito el encuentro tal y como lo recordaba. También ha caminado; mucho. Ha vuelto a recorrer el mismo trayecto que hicieron algunos de esos exiliados huyendo del país. Con toda esa pesada alcuza a sus espaldas ha elaborado un material artístico que ha mostrado en Los Ángeles. Nunca en España. Patricia pertenece a esa generación de artistas españoles formados fuera y casi desconocidos dentro. A pesar de la fuerza de su propuesta y la solidez de su currículo. Formada en la londinense Saint Martins School of Art y en la californiana CalArts (quizá las dos escuelas más prestigiosas de arte del mundo) vive casi todo el año en Los Ángeles. Hasta allí ha llevado la historia de este éxodo. Seguramente, en algún momento, habrá recordado los versos de Juan Gelman: “No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza. La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida”. Ese doloroso viaje al exilio que sufrieron miles de españoles es el que camina esta joven artista. Caminemos con ella. 

Pregunta. La huida y el exilio de los republicanos a través de los Pirineos. ¿Por qué escogió este espacio de la historia para su trabajo?
Respuesta. He viajado mucho a lo largo de mi vida. Para mí es un poco el descubrimiento de mi identidad, de mi familia, de la historia, y, sobre todo, de qué significa ser de un país, si eso significa algo. O sea, cómo se construyen las identidades y los territorios. Todo esto me interesa mucho porque me di cuenta de que estaba en Los Ángeles por una serie de hechos que les sucedieron a mis antepasados. Quería entender qué les ocurrió. Pregunté a mis abuelos por la Guerra Civil que ellos vivieron, pero de la que nunca hablaron. Pregunté a mi padre qué había hecho en París en los años sesenta durante la dictadura. Porqué estaba allí. Pregunté... Si no lo haces empiezas a idealizar.

P. ¿Es aquí cuando se inicia su relación con los objetos?
R. Sí. Comencé fijándome en los que estaban alrededor de mi familia. La casa del pueblo de mi abuela está llena de recuerdos y objetos. Están ahí, presentes, silenciosos, pero a la vez albergan muchísima información. Empecé a preguntarle a mi abuela qué significaban y de dónde venían. Y a través de ellos me narró su vida, cómo había vivido ella esos tiempos. También copié una talla de madera en forma de estrella de mi abuelo. Desde pequeña le había visto tallar. Para mí copiarla es una manera de entender cómo era él y qué había vivido. 

P. Fue como empezar a tirar del pasado.
R. Sí, porque a la vez mi abuela trabajaba con telas y botones. Y me contó la historia que tenían. Un amigo muy cercano a mi abuelo me dijo que también poseía muchos botones porque en su día fueron casi como monedas. Así fue como pasó la frontera. Me pareció algo muy misterioso y fui a verle. Tenía más de 90 años, como la mayoría de los republicanos que he entrevistado. Me narró su historia. Me habló de los campos de concentración donde estuvo y de qué forma volvió a España; y lo que ese retorno significaba para él.

P. ¿Cómo enlaza eso con lo que llama “caminatas”?
R. En ese momento gano una beca para irme a Burdeos. Siempre había escuchado a mi familia que allí había un comunidad muy importante de exiliados republicanos. Hablé con muchos de ellos de lo que representó en sus vidas la Guerra Civil. Cómo pasaron la frontera y ya no pudieron volver. Era septiembre de 2012 y al primer republicano que entrevisté fue a José García Cinca y escribí lo que él me contó que fue su viaje. A partir de ahí el proyecto que estoy haciendo es recuperar esos viajes hacia el exilio. Volverlos a recorrer; los llamo caminatas. Por ahí comienzan las instalaciones que hago ahora. Al igual que los objetos son como contenedores de información, mi cuerpo es una manera de transmitir estas informaciones de un lado a otro de la frontera. 

P. Trabaja con un material muy delicado para un artista: la Guerra Civil. Ha sido muy escrita, muy dibujada, muy fotografiada. ¿Sabía dónde se metía?
R. Mi familia no quería hablar nada de la Guerra Civil. Pero creo que es algo muy importante, por eso hay que continuar haciendo preguntas. Yo, por lo menos, tengo muchas. Porque si la historia ya está escrita y no hay sitio para más preguntas, ¿entonces? Qué es una dictadura sino un lugar donde no existe espacio para más preguntas. Ya sé que memoria no es lo mismo que historia, pero como artista tengo la responsabilidad de preguntar qué hago yo con esta herencia. Aunque sea un tema problemático. Además la gente no se fía de mí. No soy historiadora y hasta ahora han sido ellos quienes han contado la historia oficial.

P. ¿Se conoce esta historia de exilios, memoria, campos de concentración y republicanos en Los Ángeles?
R. La gente no sabía nada. No tenía mi idea. Las Brigadas Internacionales eran lo único que conocían. Ni siquiera sabían de la existencia de los campos de concentración. Me sorprendió, aunque tampoco mucho. Por eso he tenido un espacio enorme para hablar de todo esto y hacer preguntas que quizá no se puedan formular en España. Para mí ahora es una obsesión recuperar esa memoria. Preguntar y hacer que la gente hable. Porque muchos no quieren y casi todo el mundo tiene una historia propia. 

P. ¿La distancia geográfica ayuda a contar este éxodo?
R. Sería muy interesante ver cómo reacciona el público en España a mi trabajo. Es obvio que todo lo que pasa por la mano de uno suma un componente de subjetividad. Por eso no uso, por ejemplo, fotografía. En cambio utilizo el dibujo para representar lugares, porque quiero que se vea que es mi mano la que está añadiendo algo nuevo. Lo cierto es que la gente está muy sorprendida de que alguien de mi generación esté interesada en esta historia. Me sorprende. Pues para mí es algo que todavía no ha terminado. 

P. El proyecto empezó en 2012, ¿lo da por concluido?
R. No lo sé, porque cada vez crece más. Al final, en el fondo, este trabajo siempre ha sido acerca de mi familia y la idea de identidad. La construcción de esa identidad y la memoria. Cuando me preguntan con qué artista me identifico respondo que no sé si soy artista porque me paso mucho tiempo entre libros.

P. ¿Pero estará buscando su lugar en el mundo como creadora?
R. Sí, pero no tengo prisa.  
 
 Miguel Ángel García Vega, entrevista publicada el 9 de agosto de 2014 en "Patricia Fernández recupera la memoria del exilio republicano"
http://blogs.elpais.com/con-arte-y-sonante/2014/08/patricia-fernandez-recupera-la-memoria-del-exilio-republicano.html

http://www.patriciafernandez.com/

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