24 ago. 2014

"Dibujos con luz" Henri Cartier-Bresson en la Fundación Mapfre (Madrid)

 
Carta de Henri Cartier-Bresson a su madre (detalle). 
c. 1920 Tinta sobre papel.
Colección Fondation Henri Cartier-Bresson, París.

 La exposición de Bresson se inicia con unos dibujos de cuando era un niño y se cierra en las últimas salas con dibujos también pero de cuando dejó la fotografía ya anciano para volver al dibujo con autorretratos, entre unos y otro miles de fantásticas fotografías que ya forman parte de la historia de este medio dibujadas con luz.

Más de 500 obras, entre fotografías, dibujos, pinturas, películas y documentos, componen la retrospectiva sobre el trabajo de Henri Cartier-Bresson (1908 – 2004) que la Fundación Mapfre presenta en su sala de Recoletos entre el 28 de junio y el 7 de septiembre de 2014, organizada en colaboración con el Centre Pompidou. El conjunto, que se centra en sus imágenes menos conocidas, aunque también incluye algunos de sus clásicos, permite contemplar las múltiples miradas del maestro francés, cofundador de la Agencia Magnum: la de reportero de guerra, el artista experimental y el fotógrafo cercano al movimiento surrealista. - See more at: http://www.guiadelocio.com/madrid/arte/madrid/henri-cartier-bresson#sthash.S9GHGfWs.dpuf
Os invitamos a descubrir la obra de este maestro de la fotografía hasta el 7 de septiembre en la Fundación Mapfre de Madrid.
Cómo llegar y horarios: http://www.guiadelocio.com/madrid/arte/madrid/henri-cartier-bresson

Tras su presentación en el Centro Pompidou, donde ha sido una de las grandes «sensaciones» de la temporada, llega a Madrid la hermosa y completa exposición de Henri Cartier-Bresson, uno de los más grandes fotógrafos del siglo XX. Es una muestra excelente, en la que se presentan más de 500 fotos, dibujos, cuadros, películas y documentos, concebida a partir de un intenso trabajo de investigación, como puede apreciarse en el magnífico catálogo, y que se ofrece con un muy buen montaje.
El comisario, Clément Chéroux, ha querido ir más allá de los dos tópicos usuales en la recepción de Cartier-Bresson. Por un lado, el que lo sitúa como «artista», ligado a su concepción de la fotografía como «momento decisivo». Por otro, el que lo califica como «reportero», asociado a su caracterización como «el ojo del siglo» (así lo llamó Pierre Assouline). Con la perspectiva del tiempo y el estudio de su amplísima producción –más de 30.000 copias catalogadas por la Fundación Cartier-Bresson–, Chéroux plantea que «no hubo uno, sino varios Cartier-Bresson», y esto permite resaltar como rasgo fundamental la heterogeneidad de su obra. 
El enfoque de Chéroux es cronológico o, como él puntualiza, «decididamente histórico». Esta visión secuencial se articula en la exposición distinguiendo tres grandes periodos, a partir de unos comienzos marcados por la pasión por la pintura. El primero, de 1926 a 1935, determinado por la relación de Cartier-Bresson con los surrealistas, en el que comienza a trabajar como fotógrafo y realiza sus primeros viajes. Entre 1936 y 1946, vendría el compromiso político, el trabajo para la prensa y su experiencia en el cine. Por último, la etapa de 1947 a 1970 llevaría el sello de la agencia Magnum y su labor como reportero hasta que abandonó el trabajo público como fotógrafo.
Esos tres grandes periodos se organizan en siete secciones, que suponen «el arco temático» de la obra de Cartier-Bresson. Resulta curioso apreciar el círculo de su trayectoria vital y creativa, que va desde su deseo apasionado de ser pintor, con su admiración por Cézanne y las enseñanzas de André Lhote, hasta sus dibujos, siempre figurativos, de sus décadas finales, entre los que abundan los autorretratos
Al recorrer la muestra, uno no puede sustraerse a la sensación de estar viajando, en el tiempo y la diversidad humana, a través de la visión. Porque eso fue ante todo Cartier-Bresson: un gran viajero de sí mismo, en busca de los rasgos de unidad y diversidad de los seres humanos. Quizás sea esta la enseñanza central de su obra, lo que hizo de él uno de los grandes maestros de la cámara: para encontrarse, hace falta salir fuera, ir a los otros. De ahí algunas consecuencias: Cartier-Bresson casi nunca trabajó en estudio, y apenas fotografió la naturaleza o los paisajes campestres.
Su universo para perderse y encontrarse era la ciudad, lo mismo que para los surrealistas. Pero también la diversidad de las culturas y situaciones humanas: podría decirse que fue el primer fotógrafo global, como en sus viajes continuos y su interés por la antropología y, en particular, su admiración por Lévi-Strauss. De ahí que sea un acierto hablar de antropología visual para caracterizar una de las líneas más relevantes de su trabajo. Creo que su compromiso político hay que ponerlo en relación con esa sensibilidad antropológica. Es, ante todo, un compromiso con los otros. Un compromiso radical, plasmado fundamentalmente a través de la visión. Cartier-Bresson era un hombre de su tiempo: la cámara en libertad permitía ver cosas nunca antes vistas. Y así, en el momento de la coronación de un rey, su atención se centra en los que miran, en los que esperan a una comitiva que no aparece en la imagen. La cámara deja de ser unidireccional. 
Parece claro que ese uso de la cámara en libertad tiene su origen en la experiencia surrealista. En 1995, declaró: «Al surrealismo le debo la liberación, ya que me enseñó a dejar al objetivo fotográfico remover entre los escombros del inconsciente y del azar». Otro de los elementos decisivos en la formación de su obra fue el cine. Sobre él, decía que le había «enseñado a ver».
No cabe duda de que el intenso dinamismo que transmiten sus fotos está impregnado del ritmo de la imagen cinematográfica. Todo ello tiene como núcleo y centro la visión, saber mirar. Cartier-Bresson afirmaba: «Soy visual. Observo, observo y observo. Yo comprendo con los ojos». Viajemos con él. A través de sus fotografías en libertad. Un permanente viaje visual y humano a lo largo del mundo, con sus violencias, sus horrores, y sus maravillas. 
Sevilla, España, 1933.
 La exposición es exhaustiva por la cantidad de piezas y lo bien montada e iluminada que se encuentra.
 http://www.europapress.es/cultura/exposiciones-00131/noticia-fundacion-mapfre-abre-puertas-cartier-bresson-ojo-siglo-xx-20140626165136.html
Simiane-la-Rotonde, Francia, 1969.
Gelatina de plata, copia de finales de los años setenta.
Colección Fundación Henri Cartier-Bresson, París.

 http://revistaatticus.es/2014/06/30/henri-cartier-bresson-el-ojo-del-siglo-en-la-fundacion-mapfre-madrid
 Las últimas piezas de la exposición son autorretratos dibujados por el mismo antes de dejarnos.

 El tren. Lápiz sobre papel, 1974.
Colección Fundación Henri Cartier-Bresson, París.

Alpes-de-Haute-Provence, Francia, 1985.
Gelatina de plata, copia de 1995.
Colección Fondation Henri Cartier-Bresson, París.

Brie, Francia, 1969.
Gelatina de plata, copia de finales de los años setenta.
Colección Fundación Henri Cartier-Bresson, París.
Alpes de Haute, Provence cerca de Cereste. Henri Cartier-Bresson, 1999.


 Primeras vacaciones pagadas, orillas del Sena, Francia, 1936.
 Gelatina de plata, copia realizada en 1946. 
Colección Fundación Henri Cartier-Bresson, París.
Salerno, Italia, 1932.
The Alpes de Haute-Provence 'department'. 
Town of Simiane-la-Rotonde. 1969. 
© Henri Cartier-Bresson/MAGNUM PHOTOS

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