7 may. 2014

"Ekpyrosis" de Nikolas Klement, 2013.

“Un día, mientras paseaba con mi padre por un olivar, la brisa trajo hasta mí un olor dulzón y repugnante. A unos cien metros, un burro muerto, horriblemente hinchado y picoteado, servía de banquete a una docena de buitres y varios perros. El espectáculo me atraía y me repelía a la vez”, así recuerda Luis Buñuel el descubrimiento de la muerte en su infancia en Calanda. Y ese mismo olor dulzón de animal muerto se expande en Ekpyrosis, la ópera prima de Nikolas Klement, que difícilmente se la pueda acusar de surrealista pero sí de buñueliana, casi como una versión más anarco-lisérgica de Tierra sin pan, no por casualidad un documental que un amigo anarquista produjo a Buñuel.

En la mirada (aunque casi es mejor decir alucinación) sobre una comunidad menonita pampeana, hay algo de la atracción y la repelencia como forma audiovisual, como si cada vez que el foco fluctúa en la cámara digital haya una suerte de parpadeo nervioso, un ida y vuelta de lo monstruoso a lo cotidiano que Klement deja que se infiltre para contaminar su película, que así se aleja sigiloso (gracias a cámaras lentas bien contrabandeadas) del típico y muy fatigado subgénero “documental del observación”. Acá hay intervención sobre el territorio, sobre los personajes, sobre las prácticas: el filo de mirada no tiene miedo a la puñalada certera, a carnear a cada criatura hasta que corra sangre, ríos de sangre del color que el flash tiñe los ojos.

Hay algo en la visión distorsionada del video digital (desde colores y sonidos saturados hasta primerísimos primeros planos en ralenti) que funciona casi como ataque a una comunidad rural abstraída del vértigo de los avances tecnológicos y demás devaneos de la modernidad.O mejor, es un ataque al costumbrismo campestre menonita de la misma forma que los niños se burlan del costumbrismo porteño haciendo una pequeña farsa de tomar mate. Contracostrumbrismo, el documental como manifiesto contra las rigideces, frente a la mecánica prolijidad de las representaciones sociales.

Ekpyrosis es un documental argentino con títulos alemanes, hablado en “bajo alemán”, con algunas voces poéticas que irrumpen el paisaje agreste como estrofas de una canción de kraut rock, tal vez de la estructura de esa música experimental se haya inspirado el montaje de la película. Por eso hay rostros, paisajes y prácticas que se repiten como un ciclo, tal vez como el ciclo evocado en el título de la película, palabra griega que alude la creencia de la destrucción y recreación cíclica del cosmos.

De lo pedestre a lo epifánico, de lo deforme a la naturaleza como estampa tierna, de la muerte a lo Mondo Cane a la vital candidez infantil, los ciclos de Ekpyrosis hacen olas de mutilación de la realidad sin dejar quieta esa materialidad que se despliega ante su mirada. Entre antologías de rostros de rednecks criollos y tortuosas experiencias animalescas, se filtran infinitos registros de transformaciones paradójicas, como cuando un menonita que se prepara una leche chocolatada a modo de postre como si fuera un personaje de La masacre de Texas.

Un artículo de Diego Trerotola para Cinépata.
http://www.cinepata.com/articulos/bafici-2013-ekpyrosis/ 



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