24 feb. 2014

Carnavales recuperados en el medio rural

 Guirrios en el pueblo leonés de Llamas de la Ribera. / Fotografía: María A. Sánchez.   
Fotografía de Cristina García Rodero.

Dormían el sueño de los justos en los fondos oscuros de los baúles. Hasta que alguien decidió recuperarlos. Su vuelta no coincide necesariamente con los primeros pasos de la transición democrática, a finales de los años setenta, cuando se levantó la prohibición del carnaval, dictada en plena Guerra Civil. Algunos llegaron antes; otros se retrasaron hasta las puertas del siglo XXI. Pero todos estos carnavales tienen en común el regreso a la vida de viejos trajes, cencerros, máscaras, pieles, cornamentas, sermones burlescos, personajes, ceremonias y tradiciones, dotados de un sugerente sentido por el impulso que los devolvió a la luz. 
Guirrios y antruejos en Llamas de la Ribera (León)   
Resucitó dos veces. A mediados de los ochenta, de la mano de una cuadrilla de apenas cinco o seis amigos, y en 1992, después del doloroso paréntesis originado por la prematura muerte de uno de ellos: Toño el Rubio. Desde entonces, la belleza y espectacularidad de la máscara de los guirrios, rematada con cuatro abanicos que abren y cierran su multicolor papel de seda, constituye la seña de identidad de una celebración que, además, saca a la calle el domingo 2 de marzo elegantes madamas y los más dispares antruejos: toro, gomia (con una cabeza de caballo), carneros, el hombre de la zarza (mujeres recubiertas con zarzas, en las que se enredan los espectadores), la rosita (tronco hueco de dos metros de altura, con una careta de la que cuelga una larga lengua de cerdo), el pellejo, los traperos y la gallina toca huevos (enfundada en un saco al que se cosen mazorcas de maíz), entre otros.
 Los botargas de Almiruete, Guadalajara. / Fotografía: María A. Sánchez.   

Botargas y mascaritas en Almiruete (Guadalajara)
El sábado de carnaval, 1 de marzo, los botargas volverán a enfundarse sus vistosos trajes y máscaras (de madera, cuero o cartón: plásticos y goma, abstenerse) para, al son de los cencerros, hacer su espectacular entrada en esta pequeña aldea serrana, de armoniosa arquitectura. Las mascaritas, imposibles de identificar, se unen a la comitiva. Más tarde aparecen la vaquilla, el oso y el domador. Confeti (lanzados por las mascaritas) y pelusa de junco (las botargas) envuelven a los espectadores, que disfrutan del vino del botillo que va de mano en mano, las carreras tras él y los bailes de una fiesta perdida en 1960 y rescatada —para satisfacción de los mayores, que habían mantenido viva la memoria— 25 años después.
Miel Otxin, uno de los personajes del carnaval de Lantz (Navarra). / Fotografía: María A. Sánchez.  

La recuperación fue modélica. En 1944, dos intelectuales navarros, Uranga e Iribarren, lograron una efímera —una sola vez— resurrección. Esa pequeña inyección de vitalidad tomó cuerpo definitivo cuando, veinte años más tarde, Julio y Pío Caro Baroja rodaron un documental sobre este carnaval, repleto de figuras y elementos cargados de simbolismo: el gigantón (tres metros de envergadura) Miel Otxin, quemado al final, mientras se festeja su desaparición bailando un zortziko; ziripot, que desplaza dificultosamente su oronda anatomía de heno y arpillera; zaldiko (caballo) que le embiste, los herradores que tratan de ponerle las herraduras, y los txatxos, mozos que pasean ritualmente a Miel Otxin el martes de carnaval e interactúan provocadoramente con la multitudinaria asistencia. 
Este año toca, el sábado 1 de marzo, en las alquerías de Martilandrán y La Fragosa, en la margen izquierda del río Malvellido. El carnaval itinera por Las Hurdes para llevar hasta el último rincón las carantóñah y zamárruh, estrafalariamente tiznados y disfrazados; coplas, bailes, tamborileros, reyes de antrueju, aguardiente, perrunillas, borrajá de patatas asadas y tocino, recios vinos, vaca pinta, tíos de la paja y la ceniza; pantomimas como el Burru antrueju, el parto de la tía Rechonchona y la Osa y el Amu, rescatada hogaño por la corrobra de El Cabezo, para culminar con la persecución y quema del Morcillu.
La corrobra etnográfica y folclórica Estampas Jurdanas recuperó y sintetizó en los noventa los elementos más singulares de los diferentes antruejos hurdanos.
Iñauteriak en Zalduondo (Álava) 
Markitos, de tamaño natural, hecho de heno y trapo, protagoniza el 2 de marzo este carnaval rural de la Llanada alavesa, hasta que se consume finalmente en la hoguera, mientras todo el mundo baila alrededor. Recuperado a finales de los setenta tal y como se hacía cuando desapareció —etnógrafos como Arratíbel, Joaquín Jiménez y Martínez de Ordoñana estuvieron detrás—, porreros, cenicero (esparciendo ceniza), barrendero, el viejo y la vieja (en realidad, uno solo), ovejas, oso, domador y predicador son sus personajes principales. Suena la música del txistu y el acordeón, acompañados de la banda. El sermón en el que se culpabiliza a Markitos —traje oscuro, camisa blanca, corbata, txapela y un collar formado por 12+1 huevos coloreados— de todos los males del pueblo, anticipa su muerte.

Juicio y muerte del carnaval en Torla (Huesca)  
En esta bella puerta de entrada al parque nacional de Ordesa y Monte Perdido el carnaval, recuperado en 1989, no está simbolizado por un muñeco, sino por un mozo de carne y hueso. De aspecto fiero (hay quien ve una mezcla de oso y macho cabrío), la cara tiznada, cubierto con pieles y coronado con una espectacular cornamenta, ha sido apresado días antes por el tenedor, que lo exhibe atado a una cuerda. Sobre él recaen todos los hechos negativos sucedidos en la localidad desde el año anterior y relatados el sábado 1 de marzo en un original y divertido juicio, cuyo final condenatorio es absolutamente previsible.

El pastor y su rebaño en La Aldea de San Nicolás (Gran Canaria)
Los más pequeños disfrutan especialmente el martes de carnaval, disfrazados con zaleas (cueros de cabra) y tiznados de negro: cara, manos y piernas, como los viejos recuerdan que se hacía antiguamente. Componen el rebaño de cabras, dirigido por un pastor. En el carnaval tradicional de La Aldea, revitalizado en los noventa por las gentes del Proyecto de Desarrollo Comunitario, hay también mascaritas (ropas viejas, cara oculta con velos y paños y cestillo para recolectar huevos) y diablo.
Reportaje publicado en El País Viajes "Con el cencerro y la máscara"  de María Ángeles Sánchez el 21/02/2014:
http://elviajero.elpais.com/elviajero/2014/02/20/actualidad/1392898097_142422.html 


Los diablos de Luzón (Guadalajara)
Luzón buscó un valle para asentarse entre los ahora quemados pinares del antiguo Ducado de Medinaceli… por estas fechas, suele haber rastros de nieve en las umbrías de las empinadas calles, casi siempre en silencio. Esta quietud se rompe en carnaval cuando irrumpen en el pueblo una veintena de negras bestias con cuernos, son los diablos… el personaje del demonio está muy arraigado en la cultura popular y el carnaval, raro era el pueblo del Señorío de Molina en que no aparecían uno o dos diablos persiguiendo a la chiquillería y arrojando ceniza a las mozas, también en los actos de la Loa a la Virgen de la Hoz (Ventosa) aparece el negro luzbel o en Setiles donde el día de los santos inocentes se hace el amo del pueblo.
En Luzón, los mozos acuden a vestirse a un lugar en principio secreto, se protegen la piel con cremas para luego tiznarse cara, cuello, brazos y manos de una mezcla de aceite quemado con hollín. Se visten con negras vestiduras una blusa y un faldón, en la cabeza unos enormes cuernos con almohadilla les serán atados a los hombros y la frente, todo ello tapado por un pañuelo hasta la nuca. Como remate, unos enormes cencerros llamados “trucos y cañones“ romperán el silencio de la tarde cuando los diablos bajen corriendo al caserío mordiendo un trozo de patata que les sirve para refrescarse.
Al llegar a la plaza, correrán entre las mascaritas y disfrazados asustando al personal y tiznando aquí y allá con su negro ungüento, sobre todo a las mozas. Una vez calmada la euforia, los diablos disfrazados recorrerán las frías calles al caer la tarde en una extraña e indefinible procesión que sólo se da en alguna pesadilla.
http://www.aytoluzon.es/wordpress/?page_id=221

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