22 oct. 2013

Antonio Ballester Moreno

 All seasons, 2011.
 The Bathers, 2011.
 Trees, 2012.
 Mountains, 2012.
 Autoretrato, 1985.
 Paisaje con naranjo, 1985.
El trabajo de Antonio Ballester llevamos mucho tiempo siguiéndolo, desde antes de que participase en Campo Adentro con su estancia junto a los artesanos de la isla de La Gomera en Canarias.

Huerto, 2009.


Entrevista a Antonio Ballester en "Oral Memories": http://oralmemories.com/antonio-ballester-m/ 


Antonio Ballester Moreno fotografiado en La Vera (Cáceres)


Texto de la nota de prensa con motivo de la exposición "Cobre, cobalto y plomo" en Maisterravalbuena el pasado verano:

Cobre, cobalto y plomo son metales que en forma de óxidos se utilizan en el trabajo de la cerámica; el cobre deviene color verde, el cobalto azul, y el plomo le otorga ese acabado cristalino y transparente a la pieza tras su cocción. Son metales, como tantos otros, fundamentales en el desarrollo del progreso tecnológico. Esta exposición nombra ya al comienzo, una materia, pero también nombra una posición ante ella. Esta exposición nos invita a considerar el modo en el cual la humanidad se pone en relación con el mundo que la rodea y la contiene, y en virtud de qué inicia procesos de transformación con él, contra él o a pesar de él. Sería una propuesta sencilla, pero doblemente articulada; por un lado en el trabajo de cerámica artesanal que Antonio Ballester muestra por primera vez, y por otro en el trabajo pictórico, de impulso decididamente transformado en lo que se refiere a la trayectoria y al estilo del artista.

El nombre de la exposición, su literalidad, da cuenta también de un proceso de reducción o simplificación que Antonio Ballester desarrolla en distintos planos: una simpatía por la artesanía y sus modos de hacer, antes que por el Arte y sus sistemas de producción; una depuración formal, incluso reducción, de los elementos, tema o idea, a su claridad expositiva o si mera densidad geométrica; y un desarrollo elemental en el color. Esta simplificación, otorga a la obra, una claridad semántica ciertamente fértil para que el pensamiento pueda tomar algo de vuelo; así, de la tierra, del barro, o el árbol que brota, uno puede alcanzar a ver un conjunto de montañas, un cielo que se abre, y un pájaro que va y viene, él que ve desde su origen ambas cosas, medio vivo y medio muerto como si fuera el alma de un etrusco. Vuelo del pájaro, advierte Rilke, turbado ante lo abierto, pues él que vino de lo cerrado, también tiene que volar.

Lo que la cerámica –y la artesanía en general– nos muestra es que existe en el arte un tiempo y un trabajo en que la humanidad se sueña así misma de otra manera, se sueña para sí un tiempo en que el mundo es otro mundo. La artesanía muestra que las propiedades del cobre y el plomo –pero también las de cualquier otra “materia prima”– no son sólo el pretexto material que alimenta el gran sueño del progreso, que si bien trajo algunas anodinas comodidades modernas, trajo muchas más miserias, y más trágicas también. Que al fin y al cabo plomo y cobre podrían, como cualquier otra forma natural, quizá ponerse al servicio de una humanidad mejor, de una vivencia del mundo mejor, que no ignore por más tiempo que no se dispone de la tierra sin disponer también de nosotros mismos. ¿Cómo vivimos y cómo podríamos vivir? es tal y como se formula la pregunta William Morris en el siglo XIX y se responde: socialismo revolucionario, pero también lo hace invitando a restituir una belleza que es sólo fruto de un trabajo humano material, concreto, apasionado, con potencia de volverse colectivo.

La artesanía no propone hoy el tranquilizador paraíso primitivo, sino que insiste en la crítica de cada gesto que pueda volverse condescendiente con la razón técnica e instrumental que, en alianza con el capitalismo pero también con la fe de muchos otros en el progreso, parece haber declarado la guerra a toda vida que se presuma libre e igualitaria. Si hoy un artista vuelve a hacer y vuelve a decir ¡artesanía!, se está interrogando y nos está interrogando acerca de la inclinación e impulso humano por realizar bien una tarea. Es la cualidad primera que advierte Sennett en su libro sobre la figura del artesano; la voluntad de hacer bien, un trabajo, sin más. Hay una sensibilidad artística dispuesta sobre el objeto artesano que lo circunscribe en la esfera de lo cotidiano -de la experiencia compartida por todos, común- y al mismo tiempo lo desplaza al ámbito de lo extraordinario. Una segunda cualidad, verdaderamente cualitativa: el artesano por necesidad mantiene un diálogo continuo entre las prácticas concretas y el pensamiento. La noche del artesano sería entonces, quizá también, la noche del poeta en la cual la mano sueña la idea, y la idea sueña la mano, sin divorcio posible. Cuando sucede lo contrario, siempre cabe sospechar de toda comunicación, cabe sospechar de toda expresión, pero es difícil sospechar de un silla de anea, o de un jersey de invierno, o de una jarra de barro. A través de la práctica se adquiere un compromiso y el compromiso sólo es asumible con la práctica. Condición ética del artesano, condición de la humanidad entera, pero condición menor: la discreta aspiración a que no haya en nuestras casas –ni en nuestras vidas, añadiríamos nosotros a la cita de Wilde– nada que no entrañe un goce para el hombre que lo ha hecho y para el hombre que lo emplea.

Las obras de Antonio Ballester dan cuenta de una belleza singular. Fresca, infantil, sensual, manchada de barro o empastada de color. Rotunda y masiva también en esta ocasión, pero se diría que se trata de una belleza cada vez más reflexiva, nada melancólica. Noble. Una niñez cada vez más seriamente niña. El marco de las imágenes, se sabe ya un trabajo de ensamblaje, de construcción. Una belleza muy atenta a la imagen que tiene lugar y que asume la mirada como un trabajo en sí mismo: imágenes que territorializan hacia arriba y hacia abajo, antigua y secreta alianza de lo horizontal. Formas que dan cuenta de que el mundo existe y que se vuelve fundamental cuidar el modo en que lo miramos, porque así vendrá para nosotros luego. Belleza exuberante, de formas austeras; pájaros, árboles, reunión de cumbres que anuncian primaveras. Imágenes que propaga Antonio Ballester, como invitación desafiante a la experiencia en nuestro tiempo de lo que se muestra indiferente a nosotros, pero siempre en posible alianza; naturaleza que vendría, por fin, a callarnos.

Rafael Sánchez-Mateos Paniagua – Madrid – Mayo 2013

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