2 dic. 2012

'Mi querida señorita' de Jaime de Armiñán, 1971.

Crítica y comentario sobre la película extraída de: 
Sinopsis:
Adela es una solterona que vive en una ciudad de provincias junto a su fiel criada Isabelita. Es religiosa y de costumbres intachables, pero oculta un secreto: hace tiempo que se afeita y no puede evitar lanzar miradas libidinosas a su criada. Al recibir una propuesta de matrimonio por parte de un amigo, decide ir al médico para aclarar por fin la duda que la atormenta: si es una mujer o un hombre.
Comentario:
Parece increible que una de las películas que mejor han abordado el tema de la transexualidad se llevase a cabo durante la dictadura franquista. Tal vez la necesidad del visto bueno de la censura contribuyera a tratar tan espinoso asunto con un enorme tacto, lejos de cualquier sensacionalismo. Generalmente las películas sobre transexuales se sitúan entre la didáctica y el morbo fácil de prensa amarilla, ambos muy presentes en Cambio de sexo(1976), realizada por el ya por entonces torpe Vicente Aranda, o si no en el melodrama telefílmico supuestamente arriesgado pero en realidad complaciente y más bien reaccionario, en el que el descarriado o la descarriada tienen que recibir palizas y / o morir para lograr la simpatía paternalista del espectador, como la oscarizada Boys don't cry(1999). Mi querida señorita logra en cambio un virtuoso equilibrio entre la comedia y el drama, y llevar a cabo un gran retrato social de la España de provincias en los últimos años del franquismo con un personaje totalmente fuera de la caricatura, en parte gracias a la soberbia interpretación de José Luis López Vázquez, un gran actor que hasta pocos años antes había estado encasillado en la españolada y que en ese momento exploraba nuevos terrenos.
Adela, la señorita, ha reprimido durante muchos años tanto la atracción que le producen las mujeres como el amor que siente hacia su criada, que le produce terribles celos cuando la muchacha sale con chicos. La huida de Isabelita, que se despide harta de aguantar insultos de su señorita despechada, unida a la propuesta de matrimonio que recibe, hacen que Adela, siendo ya una mujer de mediana edad, se decida a salir de su cascarón virginal y dar el paso. El médico le confirma lo que ella siempre ha sospechado y nunca se ha atrevido a afrontar: que es un hombre. Aquí se le puede reprochar a la película su ambigüedad al crear confusión entre dos cosas diferentes, la transexualidad y el hermafroditismo. No queda claro si la protagonista es biológicamente un hombre al que, a causa de una malformación genética, se le tomó por mujer en su niñez, o si es simplemente un transexual, es decir, alguien que siendo físicamente una mujer normal se siente hombre psicológicamente. El hecho de que tenga que afeitarse parece indicar lo primero, el hermafroditismo, pero la película elude entrar en detalles. Pero tal vez lo más interesante de Mi querida señorita sea que la historia no se acaba una vez que Adela se transforma en Juan, sino que expone toda la problemática posterior. Juan ha sido educado como mujer, y no sabe hacer ningún trabajo de hombre en una sociedad muy sexista donde las actividades propias de ellos y de ellas están muy definidas. Además, después de haber vivido cuarenta años como mujer, se siente inseguro en su cuerpo masculino, sobre todo a la hora de mantener relaciones sexuales. Antes como mujer le era fácil refugiarse en la castidad, pero ahora la sociedad machista le exige que se muestre experimentado en la cama: lo que era una virtud para ellas, es un handicap y un motivo de vergüenza para ellos. La aceptación de su auténtico pero nuevo yo no se alcanzará sin antes pasar por una lenta y a veces difícil metamorfosis que incluye el no rechazar su vida anterior como Adela. El reencuentro con Isabelita, ahora Isabel, será clave para conseguir llevar a cabo la transición entre los dos mundos, la ciudad de provincias y la capital, la represión y la liberación.   Sorprendentemente, el guión pasó la censura franquista, que sólo cortó algunas escenas en las que Mónica Randall salía muy ligera de ropa. El director siempre ha declarado que hizo la película exactamente como la quería hacer.


En una ciudad de provincias, Adela Castro, una solterona de cuarenta años, se siente diferente a las demás: se afeita todos los días y se siente atraída por su criada Isabelita. Se ha pasado la vida en soledad, convencida de que se ha quedado soltera por ser poco agraciada físicamente. Ciertos trastornos psicológicos la llevan a pedir consejo a su confesor, que la envía a un médico. El diagnóstico revela que, en realidad, es un hombre. 
Ya en la película 'El extraño viaje' en el año 1964 se trataba el tema del travestismo en el personaje de Carlos Larrañaga y los gustos de su amante. 
"Para aclarar la mentalidad española de la época sólo hay que hacer una enumeración de conceptos: tradicionalismo enfrentado a modernidad, castidad opuesta a destape y sexualidad, valores conservadores en contra de nuevos valores aperturistas, opresión frente a libertad,… En la España de mediados de los sesenta la obediencia a las costumbres tradicionales, los ideales franquistas, los valores que inculcaba la Iglesia,… eran seguidos fielmente por la mayoría de la población. Era una España cerrada a los avances internacionales, anclada en el pasado, todo ello supervisado por la estructura institucional y las fuerzas de choque del franquismo. La dictadura había pasado por su momento de máximo esplendor, cuando la población seguía a pies puntillas las normas dictadas y tenía una pura mentalidad conservadora. La España profunda, la España de los pequeños pueblos, era la que más se había enraizado en estas costumbres. Era común que en un pueblo todo el mundo guardara las apariencias y se comportase de acuerdo a los valores católicos, encontrando prototipos de gracioso, ancianas mayores muy puritanas, chicas jóvenes a las que se les queda el pueblo pequeño,… pero siempre una representación tradicional de la vida.
La tesis defendible en esta película considero que es la imagen completamente contraria que ofrecen los más tradicionales, que defienden que lo más importante es conservar las apariencias para demostrar que se siguen valores conservadores y de rectitud según la mentalidad de la época, cubriendo su verdadera naturaleza, que realmente no se acerca nada a la imagen que se desprende de ellos. De hecho, considero que, al estar sometidos a actuar de una cierta forma, en los momentos de liberación llegan a realizar actos más deleznables que el simple disfrute de los goces terrenales. Esto es, una persona al estar completamente cohibida, puede que posteriormente actúe de forma impositiva, mandona, sobrepasando los límites moralmente lícitos,… En la película esta idea queda completamente reflejada en el personaje de Doña Ignacia, una mujer mayor y aparentemente tradicional, que no acepta los nuevos ápices de modernidad, y que en el fondo se trata de una persona dominante y posesiva, ya que obliga a su amante a visitarla, pasar tiempo con ella e incluso planea un viaje de huída para liberarse de todas las apariencias y viajar al extranjero para poder mostrarse tal como se siente. Pienso también, que realmente un individuo que ve cohibida su libertad y actúa de acuerdo a unos cánones, debido a ello, luego tiene una vía de escape mucho mas morbosa, dañina, opresora con los demás y viciosa.
Considero que se hace una crítica a este prototipo de comportamiento, muy extendido durante el franquismo en España, y que perdura hasta nuestros días, con supuestos como los casos de pederastia en el seno de la Iglesia. La idea que se desmonta en la película es que por mucho que intentes dar una imagen, lo que realmente hagas y tus intenciones serán, tarde o temprano, conocidas por todos, es decir, que no hay escondite para ese tipo de comportamientos."
Andrea Lobo. Mayo, 2010. Reflexión de "El viaje a ninguna parte":  

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