30 oct. 2012

'Furtivos' de José Luis Borau, 1975.



Una de las películas que mejor sirven como bisagra entre la dictadura que padeció España desde 1939 y 1975 y la llegada de la democracia es, sin duda, Furtivos (José Luis Borau, 1975). Tremendamente polémica en su época, la gran obra maestra del director zaragozano es una de las películas más duras no sólo de la última época franquista, sino de cuantas ha realizado el cine español. Aún hoy sorprende que, debido a la gran cantidad de espinosos temas a los que hace referencia (el reflejo de la España profunda, las críticas al régimen, desnudos, insultos, incesto…), la película pudiera verse en nuestro país, aunque no fueron pocos los intentos por intentar recortarlalo máximo posible. Las autoridades franquistas, eso sí, lograron impedir su exhibición en festivales como Cannes o Berlín, aunque le dejaron el camino libre para competir en el Festival de San Sebastián donde conquistó la Concha de Oro a la Mejor Película y que fue el comienzo de su imparable éxito -merecidísimo- de crítica y público. 
La historia nos presenta una tormentosa relación entre Martina (Lola Gaos) y Ángel (Ovidi Montllor), madre e hijo, que viven apartados de la civilización en una pequeña casa en el monte, excusa que aprovecha el director para mostrar las entrañas de una sociedad rural podrida y seriamente dañada en sus necesidades básicas por una forma de gobierno que había convertido a España en uno de los países más atrasados de la época. En uno de sus viajes a la ciudad, Ángel conoce a Milagros (Alicia Sánchez), una mujer de la que se enamora el instante y que cambiará su rutinaria vida de cazador -es especialmente significativo que al poco de conocerse el director haga uso de la canción“Un rayo de sol”, de Los Diablos-. Poco después, el joven no duda en llevarla a vivir a su casa, donde no será bien recibida por Martina. La madre de Ángel no duda en tratar a la nueva inquilina, a la que ve como una intrusa y una enemiga a batir por el amor a su hijo, con todo el desprecio y el odio del mundo, dejando entrever su amargo y áspero carácter. Se desvela así uno de los aspectos cruciales de la película y por la que en su día fue considerada carne de censura: una relación tan sumamente protectora de la madre hacia el hijo que resulta cuanto menos sospechosa e inquietante. La aparición en escena de El Cuqui (Felipe Solano) el amante de Milagros, terminará por complicar los acontecimientos.
La interpretación de la enorme Lola Gaos es, junto con la magnífica fotografía de Luis Cuadrado, lo mejor de la película. A pesar de su extensa carrera cinematográfica, la carismática actriz debió de estarle agradecida de por vida a su papel de Martina porque gracias a él se reveló al mundo como una de las grandes, devorando cada plano en el que hace acto de presencia. Estremece, casi cuarenta años después, seguir oyendo su característica voz ronca, observar todo lo que dicen sus ojos… en una actuación prodigiosa y por la que aún hoy es recordada, sobre todo por el momento en el que mata, a sangre fría, a un perro en la que fue la escena más polémica del film. Gaos da vida a una auténtica loba, tan fiera como indómita (la escena en la que su hijo le echa por la fuerza de la habitación es de un apabullante realismo), que luchará con uñas y dientes para mantener a su hijo cerca de ella, alejado de cualquier compañía femenina que no sea la suya propia. Reveladora -e incendiaria- resulta la escena en el que la propia madre empieza a desnudar a su hijo en la habitación(“Menos mal que estoy aquí. ¿Qué sería de ti sin mí, pobrecito?”, le dice) o en esa otra en la que le abofetea, poseída por los celos, como si hubiese cometido una infidelidad al llevar a vivir a Milagros a su casa.
Sirve esta película como un extraordinario retrato de la época: refleja como pocas la hambruna, la pobreza, la vida atrasada respecto a otros países del momento, incluso aspectos tan deleznables como el machismo más conservador. Imprescindibles son los momentos de Martina cocinando y sirviendo la comida a los cazadores del lugar, o el momento en el que su hijo le presenta a Milagros como: “una buena chica, incluso sabe coser”, como si el saber coser fuese sinónimo de ser buena persona. Cómo no, tampoco faltan los típicos desnudos femeninos de la época -metidos con calzador- en el que fue uno de los máximos exponentes del posteriormente conocido como cine del destape. 
Obra adelantadísima a su tiempo, de inusitado poderío visual, salvajemente seca, que se debate en todo momento entre lo salvaje y lo tierno, que muy pocas han conseguido superar en realismo y autenticidad. Película que demuestra que el cine español, con grandes dosis de talento y grandes intérpretes (atención también al gran Ismael Merlo en el papel de cura), logra auténticas piezas de coleccionista. Un hecho a lo que contribuye, sin duda, uno de los grandes aciertos de Borau: no mostrar explícitamente, en ningún momento, esos acontecimientos que son vitales para el transcurso de la trama; esos momentos en los que los personajes se matan unos a otros. Porque lo que hace grande a Furtivos es que es una obra que considera al espectador inteligente, le invita a la reflexión a través de unas elipsis de tiempo inteligentemente situadas. Y, entonces, tendrás que elegir si amar o detestar esta joya de nuestro cine, con final antológico. Elijas lo que elijas, lo seguro es que no te dejará indiferente.  

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