4 dic. 2011

William Nicholson

The Windmill, Brighton Downs (Rottingdean), 1910, óleo sobre lienzo, 33 x 40.6 cm
The Downs (Rottingdean), 1909, óleo sobre lienzo, 29.8 x 40 cm
Sussex Downs
Towner, 1912, óleo sobre lienzo, 33 x 41 cm.
Mushrooms, 1927, óleo sobre lienzo, 50.8 x 58.4 cm.
Mushrooms, 1949, óleo sobre lienzo, 34.9 x 45.1 cm, The Tate Collection
The Luster Bowl, 1910, 55 x 60 cm.
Este sorprendente y polifacético pintor inglés fue sin duda alguna un artista lleno de talento. Y si su obra parece no haber alcanzado fuera de su país el reconocimiento que merece, ello quizás se deba simplemente al hecho de que el artista británico vivió entre dos siglos y dos concepciones del arte muy diferenciadas, que él, al menos de alguna manera, intentó reconciliar en su obra.
Nacido en Newark en 1872 y fallecido en 1949, William Nicholson se vincula por una lado con la tradición pictórica de los siglos precedentes y, por otro lado, podría decirse que anuncia una pintura que sólo comenzaría a hacerse realidad mucho más tarde. Así, en innumerables oca­siones, los críticos que se han ocupado de su obra han destacado el hecho de que sus escuetos y sobrios paisajes prefiguran de alguna manera el minimalismo y las abstracciones de su hijo, el también pintor Ben Nicholson.
Y esta es otra de las características que relacionan a nuestro pintor con los artistas de los siglos anteriores, el hecho de entroncarse en una auténtica dinastía de artistas, pues fueron pinto­res tanto su primera esposa, Maybel Pryde, des graciadamente fallecida muy pronto, en 1918, como su cuñado James Pryde, y luego lo serían también su hijo e incluso su nuera, Winifred Nicholson, esta última una lírica y a veces incluso espiritual pintora de flores y paisajes. Pero volviendo al creador de la dinastía, aunque es cierto que William Nicholson es conocido sobre todo por sus espléndidos bodegones (que en muchas ocasiones hacen pensar en aquellos que pintaran los grandes maestros del siglo XVIII, pero que en muchas otras ocasiones, como, por ejemplo, en el titulado The Little Flower Piece , nos sorprenden, tanto por esa sobriedad cercana al minimalismo a la que nos referíamos, como por la curiosa perspectiva adoptada), ésta no es en verdad sino una faceta más de su trabajo, porque el pintor de Newark fue también un excelente e innovador paisajista, como puede admirarse tanto en esos lienzos titulados A Road Near Rottingdean The Hill Above Harlech , o Near Littlehampton , que son el ejemplo perfecto de esa tendencia a la abstracción a la que nos referíamos, como en obras tan bellas como esa onírica playa del Lido pintada en la déca da de los años treinta, o, por supuesto, en esa extraña y sorprendente vista aérea de la plaza de toros de Málaga, pintada en 1935. Del mismo modo, muy interesantes son sus también innovadores retratos, en los que en ocasiones se han visto influencias de Whistler e incluso de Velázquez.

Y es que en definitiva William Nicholson fue un artista de amplio espectro, pues no sólo fue un pintor que practicó todos los géneros, tanto el retrato, como el bodegón o el paisaje, sino que también fue ilustrador de libros, especialmente de literatura. infantil, un buen escenógrafo teatral, y un excelente xilógrafo y grabador que muy pronto, en 1896, realizó un abecedario que alcanzó gran éxito, además de crear junto a su cuñado James Pryde un seudónimo, Beggarstaff Brothers, bajo el que ambos trabajaron como cartelistas, en la línea del modernismo, en un estilo similar al de los grandes cartelistas alemanes.

1 comentario:

  1. Gracias, me lo apunto. El arte ofrece estas pequeñas sorpresas para quien tenga la mirada abierta. El arte es un organismo vivo, y a pesar de cierta visión encorsetada de la Hª del arte, también puede ser independiente de los "ismos" y estar fuera de tendencias políticas o modas (hegemonía) la autonomía del arte...y de los artistas es fundamental.

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