16 nov. 2011

Campillo de Ranas (Guadalajara)

Paisajes espectaculares en esta zona
La arquitectura negra de pizarra.
Localización de Campillo de Ranas dentro de la provincia de Guadalajara
Julián Corral y su pareja, Alberto, residentes en Campillo. /Foto: GORKA LEJARCEGI para EL PAÍS
Presentación del documental en Benidorm (Alicante).

Los habitantes de Campillo de Ranas (Guadalajara) cabrían en un edificio. Son 50, muchos de ellos fugitivos de las grandes ciudades o, como se les llama con algo de pompa, neorrurales. Pero este pueblo ha celebrado este año 80 bodas, 30 de ellas entre personas del mismo sexo. Su alcalde, Francisco Maroto (PSOE) tiene el récord de enlaces gais. Desde que gobierna la localidad —es su tercera legislatura— ha casado a 800 parejas, de las que un 30% son homosexuales. Por tener más bodas que vecinos, Campillo de Ranas y Maroto han sido noticia en The New York Times y la revista Time

Cuando el Gobierno de Zapatero aprobó la reforma legal, en 2005, en Campillo de Ranas hacía más de 30 años que no se casaba nadie. "El PP llamó a la objeción de conciencia y salieron algunos alcaldes diciendo que ellos no iban a casarnos. El juez de paz de aquí dimitió porque no quería incluir esos matrimonios en los libros de familia. Yo quise dar un paso al frente y decir 'yo sí caso", relata Maroto, que ha terminado casándose con el juez de paz que sustituyó al objetor.
Se convirtió en un fenómeno. Campillo de Ranas, en el valle del pico Ocejón —que se hizo famoso por el anuncio en el que un abuelo cabrero preguntaba "¿Y qué, el Madrid otra vez campeón de Europa?"—, uno de los pueblos más bonitos de la ruta de arquitectura negra (por la pizarra de las casas), era descrito en Time como "Las Vegas Ibérica" y Andrés F. Rubio rodaba un documental, Campillo sí quiero, que casi dio la vuelta al mundo (Oslo, Buenos Aires, Turín, Nueva York, Londres, Bogotá, México D.F., Lisboa, Riga...). "En los estrenos, me sentía como un embajador de España. Por primera vez éramos referente en algo. Y venía un noruego, por ejemplo y me decía: 'qué envidia'. Ellos entonces tenían una ley de amigos como la que quería hacer el PP", recuerda Maroto.
El alcalde hace balance de la aplicación de la ley. "El PP decía que esto equivalía a disolver la familia porque los gais se iban a casar y divorciar como locos. El tiempo ha demostrado que se han casado parejas de muchos años".
Pero que se celebren más bodas que gente vive en el pueblo no es lo único extraordinario que sucede en Campillo de Ranas. A la hora de la siesta, se ven pasar camiones con material de construcción. Aquí no han dejado de venderse casas. Muchas son para gente de la ciudad. Parejas gais como Julián Corral, (excontable) y Alberto (trabajador en una empresa de animación) de Madrid, que lo dejaron todo y abrieron un bar en Campillo, La Garduña, "Aquí hay mucha tolerancia", cuenta Julián, mientras se enfada al ver un resumen del debate Rajoy-Rubalcaba. "Yo salí tarde del armario, con 37 años. Ahora tengo 57 y llevo 20 con mi pareja. Poder casarme es un derecho, y que el PP lo haya llevado al Constitucional, una estupidez. No hace daño a nadie. Al PP le gustaría que la homosexualidad volviera a los armarios".
Julián López, de 46 años, está encantado con el ajetreo de bodas. "Yo me vine hace 14 años desde Carabanchel. Aquí tengo cosas que en Madrid nunca podría tener: una casa de 200 metros, aparcamiento y un restaurante, La Fragua, al que viene mucha gente por las bodas. ¡Hago 4.000 croquetas todos los meses!".  
Natalia Junquera para El País, 12/11/2011. 

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