11 jul. 2011

Antonio López

Entrada a la exposición de Antonio López en el Museo Thyssen de Madrid
Almendro en flor, 1970. Dibujo.
Almendro en flor, 1972-1974. Pintura.
Antonio López García (TomellosoCiudad Real6 de enero de 1936) es un importante artista español nacido en el pueblo manchego de Tomelloso como tantos otros grandes artistas. 
Durante la mayor parte de su carrera, Antonio López ha trabajado prácticamente solo, en medio de un panorama artístico dominado primero por la abstracción y el informalismo y luego por las corrientes conceptuales. En los años sesenta y buena parte de los setenta su prestigio crece de manera silenciosa pero efectiva, exponiendo poco, pero con un éxito cada vez mayor. Ni siquiera es posible establecer vínculos muy convincentes entre su obra y las nuevas tendencias figurativas europeas o el hiperrealismo americano. Hasta los años ochenta las exposiciones individuales son sido escasas: París y Turín en 1972, y París, de nuevo, en 1977. En 1985 coincide su primera antológica en el Museo de Albacete con una retrospectiva en Bruselas en el marco de Europalia '85, que ese año se dedicó a España. Un año después, dos nuevas muestras en Nueva York y Londres son el pórtico de la gran antológica celebrada en 1993 en el Museo Reina Sofía de Madrid, definitiva consagración de una talla universal que estaba reconocida ya desde hace años.
Hoy 18 años después el Museo Thyssen dedica este verano de 2011 una nueva retrospectiva a toda su obra haciendo especial hincapié en sus últimos trabajos, una oportunidad única de ver su trabajo y una de las exposiciones del año y reina absoluta del verano en la ciudad de Madrid.

El sol del membrillo (Una película de Víctor Erice inspirada en un trabajo de Antonio López, 1992) filma la determinación artística de una voluntad por representar un membrillero sobre el que incide maravillosamente la luz de la mañana. Y esto es tanto como filmar la confrontación de aquella voluntad con la fluencia cósmica e irreparable del tiempo, haciéndola arrostrar la variabilidad meteorológica y la evanescencia de las formas orgánicas. Víctor Erice ofrece su cámara a la metódica, casi misional, entrega de Antonio López a su trabajo, a su pulcra y religiosa mirada con destino a la exuberancia vegetal del árbol, al paciente duelo entablado con los eternos ciclos de la naturaleza; esfuerzos todos ellos que coadyuvan a la construcción de una poderosa metáfora de la creación artística, una metáfora viviente como esculpida entre las paredes de la casa-taller del pintor de Tomelloso.

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