27 may. 2011

"El pueblo donde nunca pasa nada."

Entrada de la web con el comienzo de la visita guiada en 3D.
Los muñecos de los habitantes como merchandising.
Visita virtual a 360º y en 3D.
Fotos de Miravete de la Sierra (Teruel).
El pueblo conserva todo su encanto intacto, ya que ha conseguido preservar toda la antigua arquitectura en parte debido a la gran despoblación que sufre la zona.
El proyecto causo un gran impacto social y económico en la zona, la página web por desgracia ya se ha deshabilitado. 

Una campaña publicitaria por Internet en 2008, permitió al pueblo de Miravete de la Sierra (Teruel) darse a conocer de una forma creativa, irónica y participativa. 
En el sitio Web, uno de sus habitantes invita a hacer un recorrido virtual por el pueblo, con esta frase que describe el pueblo: "el tiempo no pasa ni adelantando la hora". Miravete de la Sierra, en la provincia de Teruel, de la comarca del Maestrazgo, era un pueblo donde nunca pasaba nada. Hasta que la agencia de publicidad fundada por el argentino Pablo Alzugaray lo eligió para hacer una campaña que consistía en convertir a un pueblo desconocido en un destino "privilegiado, reconocido y famoso".
Se venden réplicas de cada uno de los  los habitantes que se lo toman con humor. "El acontecimiento más grande del año", bromean en el sitio, fue el cambio de corte de pelo de Ángel, uno de los doce habitantes del pueblo.
"Fue un trabajo en equipo. Buscábamos un pueblo desconocido, pequeño, pero con encanto. Cuando llegamos a Miravete, nos convenció esa gente fantástica, que abrazó la idea enseguida", contó Alzugaray de 39 años de edad, y 19 años en España. El 8 de septiembre de 2008 lanzaron cuatro anuncios en canales temáticos, protagonizados por los habitantes del lugar, y Miravete explotó.
"Le diseñamos a ese pueblo minúsculo una web con reservas online, merchandising del pueblo y también le dimos una dimensión social, como poder hacer donaciones para restaurar una iglesia del siglo XVI. El pueblo se llenó de turistas y periodistas. Nos desbordó". Además de vender las réplicas de sus 12 habitantes, a 180 euros, también se pudieron comprar tejas, a 10 euros, para restaurar la cubierta del templo gótico renacentista del siglo XVI al cual en el año 2001 le concedieron la categoría de monumento histórico artístico catalogado, pero en estado muy precario. De esta manera pusieron el acento en uno de los problemas de la región, la despoblación.

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